Home GALERÍAS 1º Y 2º DE ESO, EN CABEZA DE MANZANEDA

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1º y 2º de ESO celebró su convivencia anual en Cabeza de Manzaneda los días 5, 6 y 7 de octubre, acompañados por sus profesores encargados, Patricio Fernández y Gabriel Bravo, además del profesor de Matemáticas, Oriol Cervera y el Capellán de la ESO, Sergio Gascón. Fueron tres días con un montón de actividades deportivas, culturales y de convivencia intensa entre los dos cursos.

Los viajes de ida y vuelta los aprovechamos para visitar algunos sitios interesantes, como Las Burgas y la Catedral de Orense, y la fortaleza de Castro Caldelas, importante enclave de la zona y en perfecto estado de conservación. Para sacar el máximo provecho a estas visitas, preparamos unas unidades didácticas que ayudaron a los alumnos a centrarse en los valores culturales y artísticos de nuestro entorno“, nos aclara el profesor Patricio Fernández. También destacan los profesores el excelente ambiente que reinó durante aquellos días: “la gente supo aprender, competir y experimentar actividades grupales relacionadas con el mundo de la montaña con verdadero interés. Fue una gran convivencia“, puntualiza Gabriel Bravo.

Para nosotros hubo dos actividades estrella: los karts y la escalada“, anuncia, rotundo, Pelayo Pérez. “En los karts me embistió Alejandro Millán y ambos acabamos en las vallas protectoras. Se disculpó diciendo que le había entrado un bicho en el ojo, pero yo creo que lo que le pasó es que no controló el coche, que era el más rápido, y se fue en la curva… Vamos, en plan Hamilton, a lo loco…“. Miguel Rivas prefirió la escalada en el rocódromo, una pared vertical de cerca de 20 metros, donde había que subir con cordajes, arneses y mosquetones. “Lo peor era al final, justo antes de la cumbre, donde había que dar un pequeño salto en el vacío e impresionaba un poco. No todos lo consiguieron, jejeje…“, sonríe de manera pícara, recordando cómo la mayoría se quedó a medio camino y a él le dio tiempo a hacer la ruta de escalada hasta dos veces completas. “Ya te digo, –confirma Pelayo–, yo no llegué ni a la mitad. ¡Menos mal que nos dijeron que las cuerdas aguantaban tres mil kilos!

Ambos coinciden en que la actividad de tiro con arco también estuvo bien, por lo novedosa. “Lo cierto es que nadie, y eso que éramos por lo menos cuarenta, le dio al centro de la diana. Bueno, algunos, más que puntería parecía que estaban concursando a ver quién tiraba más lejos la flecha“, intuye Miguel. En la actividad de senderismo, algunos probaron por vez primera los arándanos –”ricos, ricos“, confirman a la vez–, un fruto silvestre del bosque al que sólo conocían “por los libros o los envases de yogur“. Y también les resultó impactante las sesiones que tuvieron sobre rescate en montaña y acciones de salvamento en el monte, a cargo de especialistas del complejo. Incluso hicieron algunas prácticas de traslado de supuestos heridos, con resultados bastante aceptables. “También fue chulo aprender a hacer acampadas de supervivencia, a hacerte un refugio con ramas, conseguir agua, avanzar en línea recta y no en círculos… Estuvo bastante bien“, apunta Pelayo sobre esta otra actividad.

Y luego, todo lo que de misterioso y mágico tiene una convivencia, sin valor para nadie más que para sus protagonistas: historias para no dormir, como la presencia de “enormes escarabajos verdes entre las sábanas“, ejercicios de resistencia y aguante de “enjuague bucal de sabor muy fuerte“, juegos nocturnos, fútbol y baloncesto a todas horas, fotos para el álbum histórico, comidas de campaña y cafetería, follón, risas colectivas y comentarios de vivencias y nuevas experiencias compartidas. “La vida misma, vamos“, concluyen ambos, con la sonrisa evocadora de los buenos momentos.

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